Jesucristo Sacramentado

¡Adorado sea el Santísimo Sacramento!
Virgen Santa Maria de Guadalupe

¡Adorado sea el Santísimo Sacramento!    ¡Ave María Purísima!

Adoración Nocturna Mexicana

Parroquia Santa Isabel de Hungría

Hermosillo, Sonora, México, miércoles 8 de septiembre de 2010
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AUTOR: luis  (luisque@hotmail.es)
argentina     8 de julio de 2009 Borrar este mensaje

EL NOMBRE DE JESÚS "Por eso Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre. Para que ante el nombre de Jesús, toda rodilla se doble, en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es el SEÑOR para gloria de Dios Padre."
Filipenses 2: 9 -10
El nombre de Jesús es Poderoso, nos trae salvación, nos da salud y liberación.
Cuando es mencionado con fe, este Nombre maravilloso hace doblar toda rodilla en tres ámbitos: en el cielo, en la tierra y en el infierno.
No debemos permitir que los poderes de la oscuridad ganen la victoria y no serán victoriosos si nosotros invocamos al único nombre que es todopoderoso, el nombre de Jesús. Usemos el nombre de Jesús. Utilicemos el poder real que nos fue dado. Estos signos acompañaran a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios. (Marcos 16:17)
Su nombre es una de las armas más importantes con las que podemos defendernos y atacar el reino de las tinieblas. Usemos su Nombre liberador durante el tiempo de guerra espiritual, pues Dios reconoce ese nombre y de igual manera el diablo y sus huestes. La palabra de Dios ordena que todo debe doblarse ante el Nombre de Jesús por lo tanto haga que el enemigo se someta a su autoridad y huya aterrorizado declarando el nombre de nuestro Señor Jesús.
Seremos vencedores si cada vez que nos sentimos deprimidos o enfermos proclamamos el nombre victorioso de Jesús y su sangre preciosa, de la cual Satanás y los demonios huyen. Es necesario que lo hagamos vez tras vez, pues, en el combate, todo depende de la perseverancia. Así es como venceremos a los espíritus que nos provocan, odio, depresión, desesperación, y falta de perdón y podremos sumergirnos una vez más en el amor de Dios nuestro Padre y recibir su consuelo y fortaleza.
Siempre que alabamos el nombre de Jesús en la oración o el canto, tiene que ceder todo conflicto interior, la paz entra a nuestros corazones y somos llenados de un nuevo coraje y fe. Así, también podremos ayudar a levantar a otros que están infelices.
“En verdad les digo: todo lo que pidan el Padre en mi Nombre, él se lo dará. Hasta ahora no han pedido nada invocando mi Nombre: pidan, y recibirán, y su gozo será completo.” (Juan 16:23-24)
Vaya al Padre en el nombre de Jesús, ore y pida en su nombre maravilloso, lo que quiera, lo que necesite. Hay poder en su nombre glorioso que está por encima de cualquier otro y tiene más poder. Supera la enfermedad, y nos trae salud. Los enfermos se sanan y los demonios son expulsados en su maravilloso nombre. Cuando oramos en el Nombre de Jesús es como si El orara, como si El pidiera y Dios escucha y responde estas oraciones. Cuando este nombre es pronunciado por un creyente el cielo entero presta atención.
Y el diablo lo sabe; cuando oramos, cuando alabamos el Nombre de Jesús los poderes de la oscuridad se someten. Si somos fieles en nuestra batalla de fé, tendremos ocasión de experimentar el poder sanador y fortalecedor del Nombre de nuestro Salvador.
En su nombre hay salvación. Es maravilloso tener la certeza de que el Príncipe de Victoria, nuestro Señor Jesucristo ha derrotado a nuestro enemigo. “Y todo aquel que invoque el nombre del Señor, será salvo (Hechos 2:21) salvo de las fuerzas del mal que intentan destruirnos a nosotros y a nuestra fe.
Que privilegio acercarnos a El y poder invocar su nombre y entonces experimentar que El nos libra del pecado y de la aflicción.
Cuando peleamos la batalla de la fe, cuando glorificamos a Jesús y alabamos su nombre, los efectos se sienten no solo en nosotros mismos sino también en otras vidas, al clamar en su nombre, con fe, por nuestra familia, nuestra Iglesia y nuestra nación algo maravilloso sucede: las persona, los grupos, las relaciones son transformadas.
¡Alabanza gloria y acción de gracias
sean al Nombre todopoderoso de Jesucristo,
que es nuestro Libertador, Sanador y Salvador!


AUTOR: luis  (luisque@hotmail.es)
argentina     8 de julio de 2009 Borrar este mensaje

LA ALABANZA, es una arma de ataque. La alabanza hace que Dios se manifieste sobrenaturalmente y es también la respuesta apropiada cuando Dios muestra su poder. Satanás es alérgico a la alabanza. Como arma espiritual, debe proclamarse en voz alta.
"El Señor es mi roca, mi fortaleza y mi libertador. !Oh mi Dios! !Roca en que me refugio, mi escudo, mi fuerza y mi salvación! Salmo 18:3
En la Biblia, la alabanza se relaciona frecuentemente con lo grande y temible que es Dios, especialmente cuando obra en contra de los enemigos de su pueblo. La Alabanza hace que Dios se manifieste sobrenaturalmente, y es también la respuesta apropiada cuando Dios muestra su poder. Éxodo 15:1-18
Debemos aclarar que Alabamos a Dios por lo que hace (sus obras), y le Adoramos por lo que es (su carácter, su gloria). Es decir, ALABAR es dar gloria, honra, magnificar. ADORAR significa literalmente dar besos y se usa en un acto de homenaje, reverencia y veneración. La Adoración es el reconocimiento de Dios, su naturaleza, sus atributos, y no solamente se refiere a cantar y dar gracias, sino que también adoramos a Dios con acciones y actitudes (postración, contemplación).
Dios creó al hombre para la Alabanza. Está dentro de la naturaleza de toda persona el alabar y adorar.
Cuando comenzamos a Alabar, abrimos la puerta para entrar ante las cortes y atrios que liberan la mano de Dios para producir bendición y milagros. La alabanza va acompañada de una espada de doble filo, que es la Palabra de Dios.
La boca es el instrumento para usar nuestras armas de batalla: alabando, proclamando, gritando, declarando y confesando, etc. Salmo 106:47. El propósito de la Alabanza es callar a Satanás.
El triunfo viene en la Alabanza; hay una diferencia entre triunfo y victoria.

¨ Victoria: es la derrota del enemigo.

¨ Triunfo: es la celebración de la victoria ya obtenida.

Victorias obtenidas por el poder de la alabanza:
Josué obtuvo victoria en Jericó, cuando el pueblo alabó a Dios.
David derrotó a Goliat, porque alababa al Señor.
Josafat vio la victoria del Señor porque el pueblo comenzó a alabar.
Pablo y Silas fueron liberados de las cadenas y de la prisión porque alabaron a Dios.
La musica como ministerio de alabanza:
Los ejércitos del mundo marchan a la Batalla con Música; el ejército de Dios debe hacerlo aún más. Debemos cantar himnos de liberación para derribar muros, romper cadenas y traer sanación. La música es para adorar y alabar a Dios y no para otra cosa.
La Alabanza contiene el poder de neutralizar la fuerza del ataque maligno sobre el Pueblo de Dios, porque Dios es enaltecido y coronado, y ni carne ni demonio pueden llevar a cabo sus propósitos.
ADORACIÓN: La adoración nos lleva a la presencia de Dios en el lugar Santísimo derramándose la gloria de Dios para traer victoria, sanidad y liberación. Donde está Dios, el enemigo tiene que huir. Es el reconocimiento de los atributos de Dios, su grandeza y majestad.
“Pero llega la hora y ya estamos en ella, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad.” Juan 4: 23
La Palabra nos habla de los adoradores en Espíritu y en Verdad, que significa que le adoremos, desde lo más profundo de nuestro ser y con absoluta honestidad y transparencia con Dios. Salmo 100:4; Isaías 60:18b
Adoración y servicio van juntos, no pueden separarse el uno del otro. Mateo 4:8-10;¨ En Juan 4:23-24, l.


AUTOR: piedad sanchez  (piedadcubiertas@une.net.co)
colombia     8 de julio de 2009 Borrar este mensaje

les pido ayudarme con multiples oraciones para que mi hija daniela castaño sanchez, obtenga el triunfo en el fei a iniciarse el 28 de agosto, y para que asi con este triunfo, logre su cupo para representar a colombia en el campeonato mundial de salto ecuestre a realizarse en singapur y para que allà quede campeona mundial


AUTOR: luis  (luisque@hotmail.es)
argentina     7 de julio de 2009 Borrar este mensaje

Recuerda que:
"¡¡UNA MISA QUE ASISTAS EN VIDA.. TE APROVECHARA MAS....
QUE MUCHAS QUE OFREZCAN POR TI ....LUEGO DE TU MUERTE¡¡

"Dios, Padre misericordioso, que reconcilio consigo al mundo por la muerte y la resurrección de su Hijo y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz. Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo"
Ritual de la Penitencia
Para una buena confesión...
estamos invitados a una nueva vida.
Examen de conciencia
El fin del Sacramento de la Reconciliación es ayudarnos a recobrar la gracia de Dios, perdida por el pecado mortal, y a prepararnos a amar intensamente a Dios y a servirlo a El y al prójimo con nuestra vida.
Todo pecado es, pues, un alejamiento de Dios, un rechazo del Amor y una destrucción de la obra que el mismo Amor había realizado en nosotros y alrededor de nosotros.
El Sacramento de la Reconciliación es necesario, porque el pecado una vez realizado genera la muerte y por eso es indispensable para la salvación del pecador que se le quite el pecado; cosa que ya no se puede hacer sin el Sacramento de la Reconciliación, en el cual actúa la virtud de Cristo por la absolución del sacerdote junto con las obras del penitente que cooperan con la gracia para la destrucción del pecado. Así decía San Agustín: "El que te creó sin ti, no te salvará sin ti".

Pasos para una buena confesión
1. Examen de conciencia. Esfuerzo sincero en recordar todos y cada uno de los pecados, repasando los mandamientos de la Ley de Dios y de la Iglesia.
2. Dolor de los pecados. Reconocer que se ha ofendido a Dios que nos ama tanto.
3. Propósito de no volver a pecar. La simple y sincera determinación de no volver a pecar por amor a Dios.
4. Decir los pecados al sacerdote. De una manera concreta, concisa, clara, completa y número de veces.
5. Cumplir la penitencia. Cumplirla cuanto antes con humildad y dolor en reparación de la culpa contraída al ofender a Dios.

Mandamientos de la Ley de Dios

1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
Pecados contra este mandamiento:
*Dudar voluntariamente de Dios o de algún dogma de mi fe.
*Callar pecados mortales en la confesión.
*Comulgar conscientemente con pecados mortales.
*Decir palabras irreverentes o blasfemias de Dios, de la Virgen, los Santos, de la Iglesia o de los sacerdotes.

2. No jurarás el nombre de Dios en vano.
Pecados contra este mandamiento:
*Jurar por Dios en falso.
*Prometer algo a Dios con ligereza o no cumplir lo prometido.

3. Santificarás las fiestas.
Pecados contra este mandamiento:
*No participar en Misa completa y con atención.
*No fomentar la práctica de la religión en la familia y los lugares donde convivo.
*Ser causante de que mi familia se quede sin asistir y participar en Misa.
*Aceptar un trabajo remunerado en días festivos sin verdadera necesidad.

4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
Pecados contra este mandamiento:
*Entristecerlos con mi conducta.
*Insultarlos o despreciarlos.
*Avergonzarme porque son poco instruidos o están enfermos.
*No saber callar sus defectos.
*Desobedecer sus mandatos.
*Abandonarlos económicamente.
*Hacer juicio de ellos.

5. No matarás.
Pecados contra este mandamiento:
*Guardar odio, rencor o envidia a alguien.
*Burlarse o criticar a otros.
*Poner en peligro mi propia vida y la de los demás: por descuido, suicidio, embriaguez, uso de drogas, exceso de velocidad, etc.
*Impedir la transmisión y conservación de la vida: aborto procurado, anticoncepción, esterilización, fecundación artificial y eutanasia.
*No cuidar mi salud, no atenderme debidamente si estoy enfermo.

6. No cometerás actos impuros.
Pecados contra este mandamiento:
*Pensamientos, palabras, conversaciones y miradas impuras hacia cualquier persona.
*Realizar acciones deshonestas consigo mismo o con otros.
*Pornografía en libros, revistas, cine, videos, espectáculos y diversiones deshonestas e inmorales.
*No guardar decoro y pudor en la forma de vestir y comportarse.

7. No robarás.
Pecados contra este mandamiento:
*Robar bienes ajenos.
Causar daños graves a los bienes de otros.
*Hacer trampas en las compras o en las ventas.
*No utilizar rectamente los recursos que envían tus padres.
*No pagar las deudas, retener el salario de los obreros.
*Malgastar el dinero.

8. No levantarás falsos testimonios ni mentirás.
Pecados contra este mandamiento:
*Mentir con daño grave para el prójimo.
*Difamar injustamente al prójimo: murmuración, calumnia, crítica, destrucción, chismes.
*Atestiguar una cosa falsa.
*Comunicar información grave que los demás no deben saber.
*Escuchar con gusto la calumnia y la difamación.

9. No desearás la mujer o el varón que no es tu cónyuge.
Pecados contra este mandamiento:
*Adulterio mental o físico.
*Dañar las relaciones afectivas de un buen hogar ajeno o propio o en la relación de una pareja de novios.
*Aceptar ocasiones o amistades peligrosas.

10. No desear los bienes ajenos.
Pecados contra este mandamiento:
*Avaricia: deseo desordenado de los bienes materiales.
*Materialismo excesivo, lujo desenfrenado, desperdicio de las cosas.
*Envidiar lo que tienen los demás.

Mandamientos de la Iglesia
1. Asistir y participar todos los domingos y fiestas de precepto:
(Corpus Christi, N.S. de Guadalupe, Navidad y Año Nuevo).
2. Confesarse por lo menos una vez al año.
3. Comulgar por lo menos una vez al año.
4. Cumplir con las normas del ayuno y de la abstinencia.
5. Ayudar a la Iglesia en sus necesidades (limosna, diezmo).

Pecados de pensamiento:
Son los pensamientos que nos hacen ofender a Dios y al prójimo, que nos hacen juzgar mal, darle vueltas a ideas morbosas que van contra el pudor o la integridad de las personas y que nos llevan a perder el tiempo y nos incitan al mal, a caer en la tentación y pecar. Depende de nosotros el tener pensamientos creativos u ociosos.

Pecados de palabra:
Son las palabras dichas con coraje y odio, con el fin de insultar y herir a los demás; las críticas, los chismes y los juicios destructivos que hacemos de nuestro prójimo. Las conversaciones inútiles y los chistes de mal gusto.

Pecados de obra:
Son todas nuestras obras que van en contra del amor a Dios y del amor y la justicia al prójimo, son los pecados que tenemos que reconocer, para arrepentirnos, sentir dolor por ellos, confesarlos y hacer el propósito de enmienda, procurando firmemente no volver a cometerlos.

Pecados de omisión:
El bien que estaba a mi alcance hacer y nunca lo hice por flojera o por comodidad.
Reza ahora el "Yo confieso" con plena conciencia y así acércate a celebrar el Sacramento de la Reconciliación.
GLORIA DE DIOS

La confesión ¿produce perdón?

¿Porque Confesar los pecados ante el Sacerdote?

Porque Jesucristo dio poder y autoridad a sus discípulos y sus sucesores (Mateo 10,1), para perdonar los pecados en su Nombre (Mateo 18,18; Juan 20,23). Jesús, después de resucitar le dijo a sus apóstoles: “A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes no se los perdonen, les quedan retenidos” (Juan 20,23). El Señor fue muy claro a quienes su verdadera Iglesia perdone sus pecado les quedarán perdonados o “remitidos” (como lo traducen las Sectas) que significa absueltos o perdonados, por eso nos confesamos ante el Sacerdote para que en nombre de Jesús, nos absuelva de todos los pecados que hemos cometido después del Bautismo, porque: “Si decimos: “No hemos pecado”, le hacemos mentiroso, y su Palabra no está en nosotros” (I Juan 1,10).

Nos confesamos, en un acto de humildad, y obediencia al mandato de los apóstoles (Santiago 5,16) por seguir el sabio consejo Bíblico de Proverbios 28,13 y por seguir una practica habitual en el Nuevo Testamento (Mateo 3,6; Marcos 1:5; Hechos 19,18).

Este plan misericordioso de Dios, (Romanos 3,21-26), tiene numeroso respaldo tanto en la Nueva Alianza, como en el Antiguo Pacto como ejemplo: “el que es culpable en uno de estos casos confesará aquello en que ha pecado” (Levítico 5,5), “…Y el sacerdote hará por él expiación de su pecado. (Levítico 5,6). “El sacerdote hará por él la expiación delante de Yahveh, y será perdonado en cualquiera de los casos en que fuera culpable” (Levítico 5,26). “Al que encubre sus faltas, no le saldrá bien; el que las confiesa y abandona, obtendrá piedad (Proverbios 28,13).

Después de su obra redentora en la Cruz, y de su gloriosa resurrección instituye el Sacramento de la Confesión (Juan 20,23), para repartir las gracias del perdón ganadas en la Cruz, de hecho redimir también es sinónimo de remitir, de allí nace el ministerio de la reconciliación como lo explica San Pablo: "Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación" (II Corintios 5,18). Es claro que Dios nos confió al la Iglesia (en especial a los Presbíteros o Sacerdotes) el ministerio de la reconciliación, por eso nos los reafirman los apóstoles: “Confesaos, pues, mutuamente vuestros pecados y orad los unos por los otros, para que seáis curados. La oración ferviente del justo tiene mucho poder” (Santiago 5,16). En la Iglesia se Dios ha dispuestos las diversas funciones, ministerios y carismas, como leemos en (I Corintios en los capítulos 12 y 13 y en (Efesios 4,11-13), porque Jesucristo: “ha hecho de nosotros, un Reino de Sacerdotes, para su Dios y Padre, a él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén” (Apocalipsis 1,6).



¿Pero sí el Sacerdote es un pecador podrá perdonar los pecados?



El Sacerdote, como se lee en Juan 20,23 es un embajador escogido por Cristo para derramar su misericordia, y los pecados quedan perdonados, no por la santidad del Presbítero o Sacerdote celebrante, sino por el poder y la autoridad que el Señor les ha otorgado para perdonar o retener los pecados de los hombres: “Yo les digo: todo lo que atén en la tierra, el cielo lo considerará atado, y todo lo que desaten en la tierra, será tenido por desatado en el Cielo” (Mateo 18,18). El Sacerdote como todo cristiano esta en continuo proceso de conversión y santificación personal, y tiene menos ocasión de caer en pecados y más auxilios a su disposición, y él también debe frecuentemente debe confesarse con otro hermano en el sacerdocio ministerial. El Sacerdote da la absolución de los pecados en nombre de Cristo, es decir en su presencia viva y actuante, y con su autoridad delegada. “Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos: ¡reconciliaos con Dios!” (II Corintios 5,20). Recurramos pues al Sacramento de la reconciliación, con confianza en la misericordia de Dios, y además el Sacerdote nos aconsejará y nos exhortará para vencer las tentaciones, dándonos remedios eficaces, para nuestro provecho espiritual.



¿La Biblia nos manda a confesar los pecados solo directamente a Dios?



No, la Palabra de Dios nos indica que como un acto de humildad y una muestra exterior de nuestro arrepentimiento y conversión interior, debemos confesar los pecados, ante aquellos que Jesús les encomendó la misión de propagar su Reino, porque Cristo Jesús quiso dar a sus seguidores el Poder y la Misión de reconciliar la humanidad con Dios, por medio de su Nombre (su presencia activa) en la Iglesia, por eso la Biblia nos manda en Santiago 5,16: “Confesad pues vuestros pecados unos a otros y orad los unos por los otros, para que seáis salvos: porque mucho vale la oración perseverante del justo”. El sacramento de la reconciliación o Confesión no es un invento de la Iglesia, como lo hacen ver algunas sectas, es una practica Bíblica, como se lee en Hechos 19,18: “Y muchos de los que habían creído venían confesando y dando cuenta de sus hechos”. Esto tiene antecedentes en el Antiguo Testamento que nos dice: “No te avergüences de confesar tus pecados, no te opongas a la corriente del río”. (Eclesiástico 4,26). Pero su cumplimiento evangélico se inicia en Marcos 1,5 con Juan el Bautista: “Acudía a él gente de toda la región de Judea y todos los de Jerusalén, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados”. “Y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados”. (Mateo 3,6).



Claro que debemos confesarnos ante Dios (Sal 32,5) porque no podemos ocultar nuestros pecados ante Dios (Sal 139,2), de antemano los conoces nuestra condición (Sal 103,14), también la sinceridad de nuestro arrepentimiento, y Dios no desprecia un corazón contrito y humillado (Sal 51,19), pero debemos reconocer nuestras faltas ante los delegados de Cristo porque así Dios lo dispuso en su Santa Palabra: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado le hacemos a él mentiroso, y su Palabra no está en nosotros” (I Juan 1,9-10).

En la Biblia vemos también otros casos donde todo el pueblo de la Antigua Alianza, se congregaba en ceremonia de penitencia y confesión de pecados ante los profetas (cf Lv 16,21; Esdras 10,1; Nehemías 9,3; I Samuel 7,6; Joel 1,14; 2,16; Jonás 3,7-10), para reconocer públicamente las faltas y pecados de la comunidad y las de sus padres (cf Lv 26,40; Joel 2,17; Nehemías 1,4-7; I Mac 7,36; Mi 7,18-20; Sal 51,5-7; Jer 14,20). “El que encubres sus pecados no prosperará; más el que confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28,13).
Veamos el caso del grave pecado del Rey David, el se arrepiente y pide perdón a Dios de todo corazón como se lee en el Salmo 51, pero también confiesa su culpa ante un hombre, el Profeta Natán: “Entonces dijo David a Natán: He pecado contra Yahaveh. Respondió Natán: También perdona Dios tu pecado; no morirás” (II Samuel 12,13), el profeta Josué (sucesor de Moisés) también pide que se confiesen su pecado ante él y lo hacen (Lee Josué 8,19-21), también el hijo prodigo confiesa a su padre, que ha pecado contra Dios y contra él (cf Lucas 15,21), para obtener el perdón de ambos, y recobrar su dignidad de hijo, reconocer los pecados ante otros hombres, según la Biblia, se puede y se debe hacer.


AUTOR: laura liliana  (lauracastrojimenez@yahoo.com)
COLOMBIA     6 de julio de 2009 Borrar este mensaje

Padre amado a ti clamo y pido la intercesion de la Santisima Mamita Maria para que llegue a Ti las suplicas que te quiero exponer que aunque tu ya las conoces de sobra, te recuerdo y si es para tu honra y gloria y estan en beneficio de mi salvacion espero me concedas.

Padre Santo: a ti clamo empleo para:
sergio eduardo bautista
Maria Isabel Castro
Miguel Angel Castro
Julie Andrea Castro
Acrecienta su territorio, restaura su Fe, bendicelos y colmales de mucho amor y Paz

Te pido por la salud de mis Padres y mas aun por la de mi madre en su cirugia...Coloca tu mano Poderosa sobre la vesicula y sanala ...liberala...y derrama bendiciones

Te pido por el eterno descanso de mi tia Evelia Jimenez y de mi Nonita Romelia...que esten descansando en paz...

Te pido por la conversion de las siguientes personas: dales amor, humildad, paciencia, perseverancia y que sientan la necesidad de Ti mi amado Jesus...
SEBAS,MICJ,MACJ,JACJ,AJC,HPJ,MFLJ,YJ,SJC,LLCJ

Por mi hijo SABC para que crezca en un ambiente lleno de amor y prosperidad y sea un niño obediente,y feliz

Por mi, por mi empleo ahora que comienzo de nuevo, Padre dame la fortaleza y el optimismo para triunfar acompañada de tu poderoso Brazo Santo el cual me guiara y me dara la alegria y el empuje para llegar a las personas...
Dame sabiduria Padre Amado para poder pensar lo que debo decir, y poder llegar a mis clientes con la conviccion de que lo que les ofrezco es beneficioso para ellos

Ademas te pido que si es para tu Gloria y tu honra permitas que me pueda unir en Sagrado vinculo de matrimonio con SEBAS para darle a mi hijo el hogar que anhelo,y que sea para tu mayor Gloria...Amen...Gracias Mi JESUS porque tu siemrpe nos escuchas!!!

lo dicen los salmos...
! si el afligido invoca al Señor EL LO ESCUCHA!!!

JESUS YO TE NECESITO, JESUS YO CONFIO EN TI......


AUTOR: laura liliana  (lauracastrojimenez@yahoo.com)
COLOMBIA     6 de julio de 2009 Borrar este mensaje

Bendito seas Señor Jesus¡
Hoy te doy gracias por este dia tan hermoso, por tu bondad, por tu infinita misericordia para con nosotros, hoy te alabo Señor Jesus por tu inmenso AMOR hacia nosotros, gracias Padre por ser el consolador, el amoroso y majestuoso que todo lo puede y todo lo hace por mi...por nosotros...gracias Dios mio...


AUTOR: luis  (luisque@hotmail.es)
argentina     5 de julio de 2009 Borrar este mensaje

JESUS ORA EN EL HUERTO

Nadie cree en verdad que sudé sangre aquella noche en Getsemaní y pocos creen que sufrí mucho más en esas horas que en la crucifixión. Fue más dolorosa, porque Me fue manifestado claramente que los pecados de todos eran hechos Míos y Yo debía responder por cada uno. Así Yo, inocente, respondí al Padre como si fuese verdaderamente culpable de deshonestidad. Yo, puro, res-pondí al Padre como si estuviese manchado de todas las impurezas que han hecho ustedes, mis hermanos, deshonrando a Dios, que los creó para que sean instrumentos de la grandeza de la creación y no para desviar la naturaleza concedida a ustedes, con el fin de llevarla gradualmente a sostener la visión de la pureza en Mí, su Creador.
Por lo tanto, fui hecho ladrón, asesino, adúltero, mentiroso, sacrílego, blasfemo, calumniador y rebelde al Padre, a quien He amado siempre.
En esto, precisamente, consistió Mi sudor de sangre: en el contraste entre Mi amor por el Padre y Su Voluntad. Pero obedecí hasta el fin y, por amor a todos, Me cubrí de la mancha con tal de hacer el Querer de Mi Padre y salvarlos de la perdición eterna.
Considera cuántas agonías más que mortales tuve aquella noche y, créeme, nadie podía aliviarme en tales congojas, porque más bien veía cómo cada uno de ustedes se dedicó a hacerme cruel la muerte que se Me daba en cada instante por las ofensas cuyo rescate He pagado por entero. Quiero que se conozca una vez más cómo amé a todos los hombres en aquella hora de abandono y de tristeza sin nombre...
Es tiempo de trabajar, no Me pidas nada porque hay alguien que piensa en tí.
Quiero decir a Mis almas la amargura, el tremendo dolor que llenaba Mi Corazón esa noche. Si bien era grande Mi alegría de hacerme compañero de los hombres hasta el fin de los siglos y Alimento divino de las almas, y veía cuántas Me rendirían homenaje de adoración, de amor, de reparación, no fué poca la tristeza que Me ocasionó el contemplar a todas aquellas almas que habrían de abandonarme en el Sagrario y cuántas dudarían de Mi presencia en la Eucaristía.
¡En cuántos corazones manchados, sucios y completamente desgarrados por el pecado tendría que entrar y cómo Mi carne y Mi Sangre, profanadas, se convertirían en motivo de condenación para muchas almas! Tú no puedes comprender la forma en la cual contemplé todos los sacrilegios, ultrajes y tremendas abominaciones que se cometerían contra Mí... Las muchísimas horas que iría a pasar sólo en los Sagrarios. ¡Cuántas noches largas! ¡Cuántos hombres rechazarían los amorosos llamados que les dirigiría!
Por amor a las almas, permanezco prisionero en la Eucaristía, para que en sus dolores y pesares vayan a consolarse con el más tierno de los corazones, con el mejor de los padres, con el más fiel amigo. Pero ese amor, que se consume por el bien de los hombres, no va a ser correspondido.
Moro en medio de los pecadores para ser su salvación y su vida, su médico y su medicina; y ellos, en cambio, pese a su naturaleza enferma se alejan de Mi, Me ultrajan y Me desprecian.
¡Hijos Míos, pobres pecadores! No se alejen de Mí, los espero noche y día en el Sagrario. No voy a reprochar sus crímenes. No voy a echarles en cara sus pecados. Lo que haré será lavarlos con la Sangre de Mis llagas. No teman, vengan a Mí. ¡No saben cuánto los amo!
Y ustedes, almas queridas, ¿por qué están frías e indiferentes a Mi amor? Sé que tienen que atender las necesidades de su familia, de su casa y del mundo que los solicita sin cesar. Pero, ¿no tendrán un momento para venir a darme prueba de su amor y de su gratitud? No se dejen llevar de tantas preocupaciones inútiles y reserven un momento para venir a visitar al Prisionero del amor. Si su cuerpo está enfermo, ¿no pueden encontrar unos minutos para buscar al Médico que debe curarlos? Vengan a quien puede devolverles las fuerzas y la salud del alma... Den una limosna de amor a este Mendigo divino que los llama, los desea y los espera.
Estas palabras producirán en las almas el efecto de una gran realidad. Penetrarán en las familias, en las escuelas, en las casas religiosas, en los hospitales, en las prisiones, y muchas almas se rendirán a Mi amor. Los más grandes dolores Me vienen de las almas sacerdotales y religiosas.
En el instante de instituir la Eucaristía, vi a todas las almas privilegiadas que se alimentarían con Mi Cuerpo y con Mi Sangre, y los efectos producidos en ellas.
Para algunas, Mi Cuerpo sería remedio a su debilidad; para otras, fuego que llegaría a consumir sus miserias, inflamándolas con amor. ¡Ah!... Esas almas reunidas ante Mi, serán un inmenso jardín en el cual cada planta produce diferente flor, pero todas me recrean con su perfume... Mi Cuerpo será el sol que las reanime. Me acercaré a unas para consolarme, a otras para ocultarme, en otras descansaré. ¡Si supieran, almas amadísimas, cuán fácil el consolar, ocultar y descan-sar a todo un Dios!
Este Dios que los ama con amor infinito, después de librarlos de la esclavitud del pecado, ha sembrado en ustedes la gracia incomparable de la vocación religiosa, los ha traído de un modo misterioso al jardín de sus delicias. Este Dios, Redentor suyo, se ha hecho su Esposo. El mismo los alimenta con Su Cuerpo purísimo y con Su Sangre apaga su sed. En Mí encontrarán el descanso y la felicidad.
¡Ay, hijita! ¿Porqué tantas almas, después de haberlas colmado de bienes y de caricias, han de ser motivo de tristeza para Mi Corazón? ¿No Soy siempre el mismo? ¿Acaso He cambiado para ustedes?... ¡No! Yo no cambiaré jamás y, hasta el fin de los siglos, los amaré con predilección y con ternura.
Sé que están llenos de miserias, pero esto no me hará apartar de ustedes Mis miradas más tiernas y con ansia los estoy esperando, no sólo para aliviar sus miserias, sino también para colmarlos de Mis beneficios.
Si les pido amor, no Me lo nieguen; es muy fácil amar al que es el Amor mismo. Si les pido algo caro a su naturaleza, les doy juntamente la gracia y la fuerza necesaria para que sean Mi consuelo. Déjenme entrar en sus almas y, si no encuentran en ellas nada que sea digno de Mi, díganme con humildad y confianza: “Señor, ya ves los frutos que produce este árbol, ven y dime qué debo hacer para que, a partir de hoy, broten los frutos que Tu deseas”.
Si el alma Me dice ésto con verdadero deseo de probarme su amor, le responderé: Alma querida, deja que Yo mismo cultive tu amor...
¿Sabes los frutos que obtendrás? La victoria sobre tu carácter reparará ofensas, expiará faltas. Si no te turbas al recibir una corrección y la acepatas con gozo, obtendrás que las almas cegadas por el orgullo se humillen y pidan perdón.
Esto es lo que haré en tu alma si Me dejas trabajar libremente. No florecerá en seguida el jardín, sino que darás gran consuelo a Mi Corazón...
De Mi Pasión quiero que consideres, sobre todo, la amargura que me causó el conocer los pecados que, oscureciendo la mente del hombre, lo llevan a las aberraciones. Estos pecados se admiten, la mayoría de las veces, como fruto de una natural conveniencia a la cual se dice, no puede oponerse la propia voluntad. Hoy, muchos viven con graves pecados culpando a otros o al destino, sin posibilidad de salir de ellos. Esto ví en Getsemaní y conocí el gran mal que absorbería Mi Alma. ¡Cuantos se pierden así y cómo sufrí por ellos!

Aún hoy, cuánto sufre Mi Corazón; y queriendo hallar alivio en Mis almas, Voy a ellas y las encuentro dormidas. Más de una vez, cuando quise despertarlas y sacarlas de sí mismas, de sus preocupaciones, Me contestan —si no con palabras, con obras: “ahora no puedo, estoy demasiado cansada, tengo mucho que hacer, ésto me perjudica la salud, necesito un poco de tiempo, quiero algo de paz.”
Insisto y digo suavemente a esa alma: No temas; si dejas por Mí ese descanso, Yo te recompensaré. Ven a orar Conmigo, ¡tan sólo una hora! ¡Mira, que en este momento es cuando te necesito! ¿Si te detienes, ¿ya se te hará tarde? ¡Cuántas veces oigo la misma respuesta!
Pobre alma, no has podido velar una hora Conmigo. Dentro de poco vendré y no Me oirás, porque estás dormida... Querré darte la Gracia pero, como duermes, no podrás recibirla y, ¿quién te asegura que tendrás después fuerza para despertar?... Es fácil que, privada de alimento, se debilite tu alma y no puedas salir de ese letargo.
A muchas almas las ha sorprendido la muerte en medio de un profundo sueño y, ¿dónde y cómo han despertdo?
Almas queridas, deseo enseñarles también cuan inútil y vano es querer buscar alivio en las criaturas. ¡Cuántas veces están dormidas y, en vez de encontrar el alivio que voy a buscar en ellas, salgo con amargura porque no correponden a Nuestros deseos ni a Nuestro amor.
Cuando oré a Mi Padre y pedí ayuda, Mi alma triste y desamparada padecía angustias de muerte. Me sentí agobiado con el peso de las más negras ingratitudes.






LA FLAGELACION DE JESUS

Mírenme, amados Míos, dejándome conducir, con la mansedumbre de un cordero, al tremendo suplicio de la flagelación. Sobre Mi cuerpo, ya cubierto de golpes y agobiado de cansancio, los verdugos descargan cruelmente —con cuerdas trenzadas, con varas— terribles azotes. Es tanta la violencia con que Me castigan, que no quedó en Mí un sólo lugar que no fuese presa del más terrible dolor... Los golpes y puntapiés Me ocasionaron innumerabls heridas... Las varas arrancaban pedazos de Mi piel y Mi carne. La Sangre brotaba de todos Mis miembros... Caí una y otra vez por el dolor que Me causaban los golpes en Mi virilidad. Mi cuerpo estaba en tal estado, que más parecía monstruo que hombre. Los rasgos de Mi cara habían perdido su forma, era un sólo edema.
El pensamiento de tantas almas, a quienes más tarde iba a inspirar el deseo de seguir Mis huellas, Me consumía de amor.
Durante las horas de prisión las veía fieles imitadoras, aprendien-do de Mí mansedumbre, paciencia, serenidad. No sólo para aceptar los sufrimientos y desprecios, sino aún amando a los que las persiguen y, si es necesario, sacrificándose por ellos como Yo Me sacrifiqué.
Cómo Me encendía cada vez más en deseos de cumplir perfectamente la Voluntad de Mi Padre, en aquellas horas de soledad, en medio de tanto dolor. ¡Cómo Me ofrecí a reparar Su Gloria ultrajada! Así ustedes, almas religiosas, que se encuentran en la prisión esco-gida por amor, que más de una vez pasan a los ojos de las criaturas por inútiles y quizá por perjudiciales, no teman. Dejen que griten contra ustedes y, en esas horas de soledad y dolor, unan íntimamente su corazón a su Dios, único objeto de su amor. ¡Reparen Su Gloria, ultrajada por tantos pecados!






JESUS ES CORONADO DE ESPINAS

En el Querer de Mi Padre He vivido días de intensa tristeza, sin quejarme, pero en la aceptación de lo que quería hacerme sentir el Padre. Cuando fui apresado en el Huerto, los que Me acusaban estaban prontos a toda mentira y Me dejé llevar a donde quisieran, sin resistir en lo más mínimo. Y cuando quisieron ceñirme la cabeza con la corona de espinas, incliné sin más la cabeza, porque lo tomaba todo de las manos de Aquel que Me envió al mundo.
Cuando los brazos de aquellos hombres crueles estuvieron rendidos, a fuerza de descargar golpes sobre Mi Cuerpo, colocaron sobre Mi cabeza una corona tejida con ramas de espinas y, desfilando por delante de Mí, Me decían: ¿Conque eres Rey?... ¡Te saludamos!
Unos Me escupían, otros Me insultaban, otros descargaban nuevos golpes contra Mi cabeza; cada uno añadiendo un nuevo dolor a Mi Cuerpo, maltratado y deshecho.
Estoy cansado, no tengo dónde descansar; préstame tu corazón y tus brazos, para cobijarme en tu amor. Tengo frío y fiebre; abrázame un instante, antes de que continúen destruyendo este templo de amor.
Los soldados y verdugos, con sus manos sucias, empujan Mi Cuerpo; otros con asco de Mi Sangre, me empujan con sus lanzas y vuelven a abrir Mi carne; Me sientan con un empujón sobre un lugar de piedras filosas, lloro en silencio por el dolor y ellos, en forma grotesca, se burlan de Mis lágrimas. Finalmente, desgarran Mis sienes encajándome la corona de ramas trenzadas de espinas.
Consideren cómo, con esa corona, quise expiar los pecados de soberbia de tantas almas que se dejan subyugar por la falsa opinión del mundo, deseando ser estimadas con exceso. Permití, sobre todo, que Me coronasen de espinas y que así Mi cabeza sufriese cruelmente, a fin de reparar por la humildad voluntaria, las repugnancias y las orgullosas pretensiones de tantas almas que se niegan a seguir el camino trazado por Mi Providencia, por juzgarlo indigno de su mérito y de su condición.
Ningún camino es humillante cuando está trazado por la Voluntad de Dios... En vano intentarán engañarse a ustedes mismos pensando seguir la voluntad de Dios y en la plena sumisión a cuanto les pida.
Hay en el mundo personas que, cuando llega el momento de la decisión (emprender un nuevo género de vida), reflexionan y examinan los deseos de su corazón. Tal vez encuentren, en aquel o en aquella a quien piensan unirse, los fundamentos sólidos para una vida cristiana y piadosa; quizás verán que cumplen sus deberes de familia que reúne, en fin, lo necesario para satisfacer sus deseos de felicidad; pero la vanidad y el orgullo vienen a oscurecer su espíritu y se dejan arrastrar por el afán de figurar, de lucir. Entonces, se ingenian para buscar a alguien que, siendo más noble, más rico, satisfaga su ambición. ¡Ah! Cuán neciamente se ciegan. No, les diré, no encontrarán la verdadera felicidad en este mundo, y ojalá la encuentren en el otro. ¡Miren bien, que se ponen en gran peligro!
Hablaré también a las almas a quienes llamó el camino de la perfección. Cuántas ilusiones en las que Me dicen que están dispuestas a hacer Mi Voluntad y que clavan en Mi cabeza las espinas de Mi corona.
Hay, respectivamente, almas a quienes quiero para Mí. Conociéndolas y amándolas, deseo colocarlas donde vivo, en Mi sabiduría infinita, en la que encontrarán cuanto es necesario para llegar a la santidad: ahí será donde Me haré conocer a ellas y donde Me darán más consuelo, más amor y más almas.
Pero, ¡cuántas decepciones! Cuántas almas se ciegan por el orgullo y la soberbia o por una mezquina ambición. Llena la cabeza de vanos e inútiles pensamientos, se niegan a seguir el camino que les traza Mi amor.
Almas que Yo había elegido, ¿creen cumplir Mi Voluntad resis-tiendo a la voz de la gracia que los llama y encamina por esa senda, que su orgullo rechaza?
Hija Mía, amor de Mis dolores, consuélame; haz en tu corazón pequeñito un trono para tu Rey y Salvador, y coróname de besos.
Coronado de espinas y cubierto con un manto púrpura, los soldados Me presentaron de nuevo a Pilatos. No encontrando en Mí delito para castigarme, Pilatos Me hizo varias preguntas, diciéndome que por qué no le contestaba, sabiendo que él tenía todo poder sobre Mí.
Entonces, rompiendo Mi silencio, le dije: “No tendrías ese poder si no se te hubiese dado de arriba; pero es preciso que se cumplan las Escrituras.” Y, abandonándome a Mi Padre Celestial, callé nuevamente...






JESUS VA CAMINO DEL CALVARIO

Vamos a continuar, hijita. Sígueme en el camino del Calvario, agobiado bajo el peso de la Cruz…
En tanto que Mi Corazón estaba abismado de tristeza por la eterna perdición de Judas, los crueles verdugos, insensibles a Mi dolor, cargaron sobre Mis hombros llagados, la dura y pesada Cruz en que había de consumar el misterio de la Redención del mundo.
Contémplenme, ángeles del cielo. Vean al Creador de todas las maravillas, al Dios a Quien rinden adoración los espíritus celestiales, caminando hacia el Calvario y llevando sobre sus hombros el leño santo y bendito que va a recibir su último suspiro.
Véanme también ustedes, almas que desean ser Mis fieles imitadoras. Mi Cuerpo, destrozado por tanto tormento camina, sin fuerzas, bañado de sudor y de sangre... ¡Sufro, sin que nadie se compadezca de Mi dolor! La multitud Me acompaña y no hay una sola persona que tenga piedad de Mí. Todos Me rodean como lobos hambrientos, deseosos de devorar su presa... Es que todos los demonios salieron del infierno para hacer más duro Mi sufrimiento.
La fatiga que siento es tan grande, la Cruz tan pesada, que a la mitad del camino caigo desfallecido. Vean cómo Me levantan aque-llos hombres inhumanos del modo más brutal: uno Me agarra de un brazo, otro tira de Mis vestidos, que están pegados a Mis heridas, volviendo a abrirlas... Este Me coge por el cuello, otro por los cabellos, otros descargan terribles golpes en todo Mi Cuerpo, con los puños y hasta con los pies. La Cruz cae sobre Mi y su peso Me causa nuevas heridas. Mi rostro roza sobre las piedras del camino y, con la sangre que por él corre, se pegan a Mis ojos, que están casi cerrados por los golpes; el polvo y el lodo se juntan a la sangre y quedo hecho el objeto más repugnante.
Mi Padre envía ángeles para que Me ayuden a sostenerme; para que Mi Cuerpo no pierda el conocimiento al desplomarse; para que la batalla no sea ganada antes de tiempo, y pierda Yo a todas Mis almas.
Camino sobre las piedras que destrozan Mis pies, tropiezo y caigo una y otra vez. Miro a cada lado del camino en busca de una pequeña mirada de amor, de una entrega, de una unión a Mi dolor pero... no veo a ninguno.
Hijos Míos, los que siguen Mis huellas, no suelten su cruz por más pesada que ésta les parezca. Háganlo por Mí, que cargando su cruz, Me ayudarán a cargar la Mía y, por el duro camino, encontrarán a Mi Madre y a las almas santas que irán dándoles ánimo y alivio. Sigan Conmigo unos momentos y, a los pocos pasos, Me verán en presencia de Mi Madre Santísima que, con el Corazón traspasado por el dolor, sale a Mi encuentro para dos fines: para cobrar nueva fuerza de sufrir a la vista de Su Dios y para dar a Su Hijo, con Su actitud heroica, aliento para continuar la obra de la Redención.
Consideren el martirio de estos dos Corazones. Lo que más ama Mi Madre es Su Hijo... No puede darme ningún alivio y sabe que su vista aumentará aún más Mis sufrimientos; pero también aumentará Mi fuerza para cumplir la voluntad del Padre.





Para Mí, lo más amado en la tierra es Mi Madre; y no solamente no la puedo consolar, sino que el lamentable estado en que Me vé, procura a Su Corazón un sufrimiento semejante al Mío. Deja escapar un sollozo. ¡La muerte que Yo sufro en Mi Cuerpo, la recibe Mi Madre en el Corazón!... ¡Cómo se clavan en Mí Sus ojos y los Míos se clavan también en Ella! No pronunciamos una sola palabra, pero cuántas cosas dicen Nuestros Corazones en esta dolorosa mirada.
Sí, Mi Madre presenció todos los tormentos de Mi Pasión, que por revelación divina se presentaban a Su espíritu. Además, varios discípulos, aunque permanecían lejos por miedo a los Judíos, procu-raban enterarse de todo e informaban a Mi Madre... Cuando supo que ya se había pronunciado la sentencia de muerte, salió a Mi encuentro y no Me abandonó hasta que Me depositaron en el sepulcro.





JESUS ES AYUDADO A LLEVAR LA CRUZ

Voy camino hacia el Calvario. Aquellos hombres inicuos, temiendo verme morir antes de llegar al término, se entienden entre sí para buscar a alguien que Me ayude a llevar la Cruz y requisaron a un hombre de las cercanías llamado Simón.
Míralo, detrás de Mí, ayudándome a llevar la Cruz y considera ante todo dos cosas: Este hombre carece de buena voluntad; es un mercenario, porque si Me acompaña y comparte Conmigo el peso de la Cruz, es porque ha sido requisado. Por eso, cuando siente dema-siado cansancio, deja caer más el peso sobre Mí y así caigo en tierra dos veces.
Este hombre Me ayuda a llevar parte de la Cruz, pero no toda Mi Cruz...
Hay almas que caminan así en pos de Mí. Aceptan ayudarme a llevar Mi Cruz, pero se preocupan aún del consuelo y del descanso. Muchas otras consienten en seguirme y, con este fin, han abrazado la vida perfecta. Pero no abandonan el propio interés, que sigue siendo, en muchos casos, su primer cuidado; por eso vacilan y dejan caer Mi Cruz, cuando les pesa demasiado; buscan la manera de sufrir lo menos posible, miden su abnegación, evitan cuanto pueden la humi-llación y el cansancio y, acordándose quizá con pena de los que dejaron, tratan de procurarse ciertas comodidades, ciertos placeres.
En una palabra, hay almas tan interesadas y tan egoístas que han venido a Mi seguimiento, más por ellas que por Mí. Se resignan tan solo a aportar lo que les molesta y que no pueden apartar... No me ayudan a llevar mas que una parte de Mi Cruz; muy pequeña y de tal suerte, que apenas si pueden adquirir los méritos indispensables para su salvación. Pero, en la eternidad, verán cuán lejos han quedado en el camino que debían recorrer.
Por el contrario, hay almas, y no pocas que, movidas por el deseo de su salvación pero sobre todo por el amor que les inspira la vista de lo que por ellas He sufrido, se deciden a seguirme en el camino del Calvario; se abrazan con la vida perfecta y se entregan a Mi servicio, no para ayudarme a llevar parte de la Cruz, sino para llevarla toda entera. Su único deseo es descansarme, consolarme; se ofrecen con este fin a todo cuanto les pide Mi voluntad, buscando cuanto pueda agradarme; no piensan ni en los méritos, ni en la recompensa que les espera, ni en el cansancio, ni en el sufrimiento que resultará para ellas. Lo único que tienen presente es el amor que pueden demostrarme, el consuelo que Me procuran...
Si Mi Cruz se presenta bajo la forma de la enfermedad, si se oculta debajo de un empleo contrario a sus inclinaciones y poco conforme a sus aptitudes, si va acompañada de algún olvido de las personas que las rodean, la aceptan con entera sumisión.
¡Ah!, estas almas son las que verdaderamente llevan Mi Cruz, la adoran, se sirven de ella para procurar Mi Gloria, sin otro interés ni paga que Mi amor. Son las que Me consideran y glorifican...
Tengan como cosa cierta que, si ustedes no ven el resultado de sus sufrimientos, de su abnegación, o lo ven más tarde, no por eso han sido vanos e infructuosos, mas por el contrario, el fruto será abundante.
El alma que verdaderamente ama, no cuenta lo que ha sufrido y trabajado, ni espera tal o cual recompensa; busca tan solo aquello que cree de gloria para su Dios... Por El no regatean trabajos ni fatigas. No se agita ni se inquieta ni, mucho menos, pierde la paz si se ve contrariada o humillada; porque el único móvil de sus acciones es el amor, y el amor abandona las consecuencias y los resultados. He aquí el fin de las almas que no buscan recompensa. Lo único que esperan es Mi Gloria, Mi consuelo, Mi descanso; por eso han tomado toda Mi Cruz y todo el peso que Mi Voluntad quiere cargar sobre ellas.
Hijos Míos, llámenme por Mi nombre, pues Jesús quiere decir todo. Yo lavaré sus pies, aquellos pies que han pisado una senda resbaladiza y que ahora están heridos por los golpes contra las piedras. Yo los enjugaré, los sanaré, los besaré y quedarán sanos, y no conocerán ya ninguna otra senda que la que conduce a Mí.
¡Ya estamos en el Calvario! La multitud se agita porque se acerca el terrible momento... Extenuado de fatiga, apenas si puedo andar. Mis pies sangran por las piedras del camino... Tres veces he caído en el trayecto. Una para dar fuerza de convertirse a los pecadores, habituados al pecado. Otra para dar aliento a las almas que caen por fragilidad y, a las almas que ciega la tristeza y la inquietud, animarlas a levantarse y a emprender con valor el camino de la virtud. Y la tercera, para ayudar a las almas a salir del pecado a la hora de la muerte.





JESUS ES CLAVADO EN LA CRUZ

Mira con qué crueldad Me rodean estos hombres endurecidos. Unos tiran de la Cruz y la tienden en el suelo; otros Me arrancan los vestidos pegados a las heridas, que se abren de nuevo y vuelve a brotar la sangre.
Miren, hijos queridos, cuánta es la vergüenza y la confusión que padezco al verme así, ante aquella inmensa muchedumbre. ¡Qué dolor para Mi alma!
Los verdugos que arrancan la túnica, que con tanto esmero Me revistió Mi Madre en Mi infancia y que había ido creciendo a medida que Yo crecía, la echan a suertes. ¿Cuál sería la aflicción de Mi Madre, que contempla esta escena?
¡Cuánto hubiera deseado Ella quedarse con la túnica teñida y empapada ahora con Mi Sangre!
Pero ha llegado la hora y, tendiéndome sobre la Cruz, los verdugos cogen Mis brazos y tiran para que lleguen a los taladros, preparados en ella... Todo Mi Cuerpo se quebranta, se balancea de un lado a otro y las espinas de la corona penetran en Mi cabeza, más profundamente aún. Oigan el primer martillazo que clava Mi mano derecha... resuena hasta las profundidades de la tierra. Oigan aún... ya clavan Mi mano izquierda y, ante semejante espectáculo, los Cielos se estremecen, los Ángeles se postran. Yo guardo el más profundo silencio. Ni una queja, ni un gemido se escapan de Mis labios, pero Mis lágrimas se mezclan con la sangre que cubre Mi rostro.
Luego que han clavado las manos, tiran cruelmente de los pies... Las llagas se abren, los nervios se desgarran en Mis manos y brazos... los huesos se descoyuntan... ¡El dolor es intenso!
¡Mis pies son traspasados y Mi Sangre baña la tierra!…
Contemplen un instante estas manos y estos pies ensangrentados... Este cuerpo desnudo, cubierto de heridas, de orines y de sangre. Sucio... Esta cabeza traspasada por agudas espinas, empapada de sudor, llena de polvo y cubierta de sangre...
Admiren el silencio, la paciencia y la conformidad con que acepto este sufrimiento. ¿Quién es el que sufre así, víctima de tales ignominias? ¡Es el Hijo de Dios! El que Ha hecho los cielos, la tierra, el mar y todo lo que existe... El que Ha creado al hombre, el que todo lo sostiene con Su poder infinito... está ahí inmóvil, despreciado, despojado y seguido por multitud de almas que abandonarán bienes de fortuna, familia, patria, honores, bienestar, gloria, cuanto sea necesario, para darle gloria y demostrarle el amor que les son debidos...
Estén atentos, Angeles del Cielo y, ustedes también, almas que Me aman... Los soldados van a dar vuelta la Cruz para remachar los clavos y evitar que con el peso de Mi Cuerpo se salgan y Me dejen caer. Mi Cuerpo va a dar a la tierra el beso de paz. Y, mientras los martillazos resuenan por el espacio, en la cima del Calvario se realiza el espectáculo más admirable... A petición de Mi Madre, que contemplando todo lo que pasaba y siéndole a Ella imposible darme alivio, implora la Misericordia de Mi Padre Celestial... Legiones de Angeles bajan a sostener Mi Cuerpo, adorándolo, para que no roce la tierra y para evitar que lo aplaste el peso de la Cruz.
Contempla a tu Jesús, tendido sobre la Cruz, sin poder hacer el más ligero movimiento... desnudo, sin fama, sin honor, sin libertad... ¡Todo se lo han arrebatado! ¡No hay quién se apiade y se compadezca de su dolor! ¡Sólo recibe tormentos, escarnios y burlas!
Si me amas de veras ¿a qué no estarás dispuesto para asemejarte a Mí? ¿Qué rehusarás para obedecerme, complacerme y consolarme?... Póstrate en tierra y deja que te diga unas palabras:
¡Que Mi Voluntad triunfe en ti!
¡Que Mi amor te destruya!
¡Que tu miseria Me glorifique!






JESUS PRONUNCIA SUS ULTIMAS PALABRAS

Hija Mía, has oído y has visto Mis sufrimientos, acompáñame hasta el fin y comparte Mi dolor.
Ya está enarbolada Mi Cruz. ¡He aquí la hora de la Redención del mundo!
Soy el espectáculo de burlas para la muchedumbre... pero también de admiración y de amor por las almas. Esta Cruz, hasta ahora instrumento de suplicio, donde expiraban los criminales va a ser, en adelante, la luz y la paz del mundo.
En Mis Sagradas Escrituras encontrarán los pecadores el perdón y la vida. ¡Mi Sangre lavará y borrará las manchas de sus pecados!
¡En Mis Sagradas Llagas vendrán las almas puras, a refrigerarse y abrasarse en Mi amor! En ellas se refugiarán y fijarán para siempre su morada.
Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen, no han conocido al que es su vida... Han descargado sobre él todo el furor de sus iniquidades. Mas Yo te lo ruego, ¡oh, Padre Mío!, descarga sobre ellas la fuerza de Tu Misericordia.
Hoy estarás Conmigo en el Paraíso, porque tu fe en la Misericordia de tu Salvador ha borrado tus crímenes... Ella te conduce a la vida eterna.
Mujer, ¡He ahí a Tu Hijo!... Madre Mía, ¡he ahí a Mis hermanos! Guárdalos, ámalos... no están solos.
¡Oh!, ustedes, por quienes He dado Mi vida Tienen ahora una Madre a la que pueden recurrir en todas sus necesidades. Los He unido a todos con los más estrechos lazos al darles Mi propia Madre.
El alma tiene ya derecho a decir a su Dios: ¿Por qué Me Has abandonado? En efecto, después de consumado el misterio de la Redención, el hombre ha vuelto a ser hijo de Dios, hermano de Jesucristo, heredero de la vida eterna...
Oh, Padre Mío... Tengo sed de Tu Gloria... y he aquí que ha llegado la hora... En adelante, realizándose Mis palabras, el mundo conocerá que Tú eres el que Me enviaste y serás glorificado.
Tengo sed de Tu Gloria. Tengo sed de almas... y para refrigerar esta sed, He derramado hasta la última gota de Mi Sangre. Por eso puedo decir: Todo está consumado. Ahora se ha cumplido el gran misterio de Amor por el cual Dios entregó al mundo a Su propio Hijo, para devolver al hombre la Vida... Vine al mundo para hacer Tu Voluntad, oh Padre Mío. ¡Ya está cumplida!
A Vos entrego Mi alma. Así las almas que cumplen Mi Voluntad podrán decir con verdad: “Todo está consumado…“ Señor Mío y Dios Mío, recibe Mi alma... la pongo en Tus amadas manos.
Por las almas agonizantes ofrecí al Padre Mi muerte, y ellas tendrán la Vida. En el último grito que lancé desde la Cruz, abracé a toda la humanidad pasada, presente y futura; el espasmo lacerante con el cual Me desprendí de la tierra, fue acogido por Mi Padre con infinito Amor y todo el Cielo exultó por El, porque Mi Humanidad entraba en la Gloria. En el mismo instante en el cual entregué Mi Espíritu, una multitud de almas se encontró Conmigo: quien me deseaba desde hacía siglos y siglos, quien desde hace pocos meses, o días, pero todos intensamente. Pues bien, esta sola alegría bastó para todas las penas sufridas por Mí.
Deben saber que en memoria de aquel encuentro gozoso, Yo He decidido asistir, y muchas veces hasta visiblemente, a los moribundos. Otorgo a estos la salvación, para honrar a los que tan amorosamente Me acogieron en el Cielo. Así, oren por estos moribundos porque Yo los amo mucho. Cuantas veces hagan el ofrecimiento del último grito que lancé al Padre serán escuchados; porque por él se Me conceden muchísimas almas.
Fue un momento de gozo, cuando se presentó a Mí toda la Corte Celestial que, compacta y vibrante, esperaba Mi muerte. Pero entre todas las almas que Me rodeaban, una estaba particularmente albo-rozada; tanto que centellaba de gozo, de amor... Era José quién, más que ningún otro, entendía qué gloria había adquirido después de tan acerbas luchas. El condujo a todas las almas que esperaban por Mí; a él se le concedió ser el primer Embajador Mío en el Limbo. Los Angeles, en cada orden, Me rindieron honor de modo que Mi Huma-nidad, ya resplandeciente, fue circundada de innumerables Santos que Me adoraban y exaltaban.
Hijos Míos, no hay cruces gloriosas en la tierra, están todas envueltas en misterio, en tinieblas, en exasperación. En misterio, porque no la entienden; en tinieblas, porque ofuscan la mente, porque golpean justamente en lugares donde no se querrá ser golpeado.
No se lamenten, no se retarden; les digo Yo, que llevé no solo la Cruz de madera que Me condujo a la Gloria sino, sobre todo, aquella Cruz invisible pero permanente, que estaba formada por las cruces de sus pecados. Sí, y de sus sufrimientos. Todo lo que ustedes sufren fue objeto de Mis penas, puesto que no sufrí solamente para darles la Redención, sino también por lo que ustedes deben sufrir ahora. Miren el amor que me une a ustedes; en ello tengan la confirmación de Mi Santo Querer y únanse a Mí, observando cómo Yo Me comporté entre ilimitadas amarguras.
He tomado como símbolo un madero, una cruz. Lo He llevado, con gran amor, por el bien de todos. He sufrido verdadera aflicción, para que todos pudiesen alegrarse en Mí. Pero hoy, ¿cuántos creen en el que verdaderamente los amó y los ama?... Contémplenme en la imagen del Cristo que llora y sangra. Allí y así, Me tiene el mundo.


AUTOR: luis  (luisque@hotmail.es)
argentina     4 de julio de 2009 Borrar este mensaje

Todos recordamos aquella escena en la que una gran muchedumbre traía a una mujer sorprendida en adulterio. Venían con piedras en las manos, dispuestos a apedrearla. Jesús les dijo, retándoles: “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Y ese Jesús, al ver que nadie le tiraba piedras, le dice: “¿Nadie te ha condenado, mujer? Yo tampoco te condeno”.

Agradecemos inmensamente a San Lucas que nos haya hecho este reportaje trágico y estupendo al mismo tiempo, que podría titularse: “Cómo condenan los hombres. Cómo perdona Dios”.

Por experiencia sabemos que los hombres no perdonan ni olvidan; pero es un alivio oír de labios de Jesús aquellas palabras: “Yo tampoco te condeno”; porque todos sentimos en lo más hondo del alma la necesidad grande y dolorosa de que Dios nos perdone.

No es difícil aparentar ante los demás ser hombre de bien o mujer honesta, pero ante Dios, no queramos guardar las apariencias, porque no podemos. En el fondo, Dios nos asusta. Y algunas veces nos preguntamos seriamente: ¿Podrá Dios perdonarme a mí? Hay algunos que ya no se lo preguntan, sino que se dicen a sí mismos con una tremenda seriedad: “Yo no tengo perdón de Dios”. Es la misma frase que debió decir Judas cuando vio que su traición le costó la vida a Jesús: “He pecado entregando sangre inocente”. ¡Muy bien dicho!.

Entró en el templo y arrojó 30 monedas en la cara de los sacerdotes y escribas. ¡Muy bien hecho! Judas todavía conservaba algo bueno. Esa frase y esas monedas fueron dos hechos grandes dignos de un buen hombre. Pero en ese momento en que pudo cambiar totalmente su vida, se atravesó en su mente una desesperada y terrible convicción: ¡No tengo perdón de Dios, no tengo perdón de Dios! Y fue y se ahorcó.

En vez de volver a ver a Cristo, a pedir perdón, nos vamos ahorcando poco a poco en la desesperación. Seguimos los mismos pasos y los mismos pensamientos: “He pecado muchas veces, ya no me puede perdonar Dios”.
Quizá también tiramos las monedas a la cara del demonio o de una persona, pero nos falta el paso más importante, el mismo que le faltó a Judas, el que salvó a Pedro: las lágrimas de arrepentimiento.

El error del traidor fue pensar que Cristo no lo quería perdonar, que era demasiado. Pero se equivocó. Aquella misma noche Cristo lo había invitado a su mesa, a cenar con Él. Le lavó los pies con delicadeza y lo llamó amigo en el mismo momento que lo vendía.

Pedro hizo algo más grave que Judas: renegó tres veces de Él, del mismo Dios, pero no desesperó; aquella mirada de Cristo se lo aseguró. Mientras Judas se suicidaba abriéndose las entrañas, así lo dice el Evangelio, el rudo pescador de Galilea lloraba como un niño a las puertas de la casa de Caifás.

Han pasado 20 siglos de historia desde aquel día. Han existido muchos seguidores de Judas y Pedro. ¿A quién de los dos prefieres imitar?

Confía en Dios y acertarás. Hace mucho tiempo que Cristo te espera. Es una cita de perdón, para decirte con un amor tan inmerecido como cierto: “Yo tampoco te condeno, ve y no vuelvas a pecar...”

Pedro y Judas representan a dos clases de hombres; todos pecamos como ellos: Judas vendiéndolo, Pedro negándolo. Pero Judas se ahorcó de un árbol y Pedro lloró confiadamente su pecado. Esa es la diferencia.


AUTOR: Quinardo Meléndrez  (webmaster@adorasi.com)
Hermosillo, Sonora, México     3 de julio de 2009 Borrar este mensaje

Estimado Einhorn:

Muchas gracias por su comentario. Soy el editor del boletín de AdoraSI y le comento que estoy de acuerdo con usted en el derecho que todos tenemos de libre expresión, aunque a veces tengamos puntos de vista opuestos.

No acudir a votar es una abstención pasiva, mientras que acudir a emitir deliberadamente un voto nulo es una abstención activa, según el Diccionario Crítico de las Ciencias Sociales, de la Universidad Complutense de Madrid.

"El abstencionismo es un pecado de omisión" según el punto 15 de la instrucción pastoral «Un católico vota así» publicada por monseñor Mario De Gasperin, obispo de Querétaro (México), sobre las elecciones políticas, documento que le sugiero leer y que puede consultar en http://es.catholic.net/abogadoscatolicos/435/2739/articulo.php?id=9879.

En el boletín 64 se lee: "Tratando de quedar bien con todos y no perder votos, los políticos en campaña suelen evadir temas que se consideran “incómodos” como el aborto y los anticonceptivos de emergencia...", pero no se acusa a los partidos políticos de "manipulación para sus propios intereses", como usted afirma.

También estoy de acuerdo (y esto es a título personal), y creo que seguramente usted lo estará, que todos los partidos que han detentado el poder en México han fallado en sacar de la marginación y miseria a gran parte de nuestro pueblo.

Pero, aún así, un católico comprometido sabe que "si no encuentra un partido o candidato que concuerde con sus principios religiosos y morales, debe votar, según su juicio y en conciencia, por el menos malo." (punto 18 de la instrucción mencionada).

Y ¿quiénes han sido más marginados que los niños deliberadamente abortados? Se les ha negado el derecho al más fundamental y básico de los derechos: vivir.

Hablando de nuestro Señor Jesús, ¿que les diría hoy a los promotores del aborto? Pienso que les diría "cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis". ¿Y qué les diría a los indiferentes ante el aborto? "En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo" (compare con Mateo 25, 40 y 45).

Este es el tema del boletín 64, que quiere decirle a los partidos que incluyan el derecho a la vida en sus plataformas electorales, y a los cristianos (los que confesamos a Cristo como nuestro Señor y Salvador) que nuestro voto debe ser congruente con nuestra fe y el Magisterio de la Iglesia que Él fundó.

Quedo atento para cualquier comentario o sugerencia que desee obsequiarme.

Saludos con afecto, con Jesús y María ¡Paz y Alegría!

Quinardo Meléndrez
www.adorasi.com


AUTOR: Einhorn Flugekturm  (unicornis@mexico.com)
México-Alemania-Antártida     3 de julio de 2009 Borrar este mensaje

Señores de AdoraSI:

Respetando el derecho inalienable que todo ser humano tiene de expresarse (incluso usrtedes), veo con singular asombro que se atreven a plantear cosas como que

"El cristiano (??) NO DEBE VOTAR NULO o quedarse sin votar, pues la abstención electoral es permitir que otros elijan por nosotros y es un PECADO DE OMISIÓN (!!??)"

(Párrafo 11 del Contenido 1. "Del Editor": Boletín #64 de AdoraSI.com; Hermosillo, Sonora, México. Miércoles 1 de julio de 2009).

Como pueden ver, "pecan" de lo mismo que acusan a los partidos políticos: manipulación para sus propios intereses. VOTAR "NULO" ES UNA ELECCIÓN, y NO es (por definición directa) "abstenerse de votar". Es decir que NINGÚN partido (incluyendo al PAN) ve por los pobres de México o por las necesidades del pueblo al que "dicen representar", de modo que no vengan a etiquetarlo como "Pecado de Omisión", por favor.

Los tiempos cambian, pero vemos que los mismos comportamientos y posturas que alguna vez condenaron a aquél que vino a enseñarnos acerca de la Verdad y el Amor, Jesucristo, se siguen dando. Todo Cristiano que se precie de serlo también busca la Verdad, a través de las enseñanzas de Jesús, y no matiza esa verdad, aunque le duela. Más dolerá el Juicio Último, cuando nuestras acciones sean juzgadas por el espíritu, no por los Intereses terrenales.

Con un abrazo fraterno, me despido. Gracias por su atención.



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