Jesucristo Sacramentado

Virgen Santa Maria de Guadalupe

¡Adorado sea el Santísimo Sacramento!    ¡Ave María Purísima!

Adoración Nocturna Mexicana

Parroquia Santa Isabel de Hungría

Hermosillo, Sonora, México, jueves 24 de julio de 2014
 
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Apariciones de la Virgen de Guadalupe

México, del 9 al 12 de diciembre de 1531.




La obra musical que se escucha en esta presentación, ha sido orquestada con base en la posición en un pentagrama de las estrellas y de las flores que aparecen en la imagen de la Virgen.

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HISTORIA DE LAS APARICIONES

Diez años después de la conquista de México, la Iglesia estaba establecida firmemente en el reino de la Nueva España.

Los frailes Franciscanos que venían desempeñando una labor muy activa desde 1524, habían logrado buen número de conversiones entre los indios y se habían ganado el afecto de sus feligreses al defender sus derechos con valentía.

Primera aparición de la Virgen de Gudalupe El día 9 de diciembre del año 1531, un humilde y piadoso indio llamado Juan Diego oyó un precioso canto celestial que venía de lo alto del cerrito Tepeyac; subió y vio a la Virgen María, Madre del Dios verdadero.

Ella le llamó por su nombre, le habló con ternura y le pidió que fuera a ver al Obispo de México para decirle que era su voluntad que en ese mismo lugar se edificara un templo para allí mostrar su amor, compasión y auxilio de Madre a todos.

Mas Fray Juan de Zumárraga, el primer Obispo de México, no sabía si creer el relato del indio.

Esa tarde la Virgen se le apareció otra vez a Juan Diego, quien pidió apenado a nuestra Señora que enviara a alguien importante, pero ella le dijo: “es muy necesario que seas tú”. Y al día siguiente, Juan Diego volvió al palacio episcopal.

Su sinceridad conmovió al Obispo pero éste, dudando todavía, le dijo que pidiera a la Virgen una señal para saber que ella era la Madre de Dios.

Esa tarde, Juan Diego tuvo una tercera visión en que la Virgen le prometió la señal que el Obispo le había pedido.

El 12 de diciembre, yendo a buscar a un sacerdote para su tío moribundo, volvió a verla. Ella le dijo: “no temas la enfermedad o angustia. ¿Acaso no estoy aquí, yo que soy tu Madre?” y fue en ese momento cuando sanó su tío, según después se supo.

La Virgen le mandó que cortara las rosas que habían florecido en la árida cumbre del Tepeyac a pesar de ser tiempo de heladas, y que se las llevara al Obispo como señal.

A la misma hora en que Juan Diego habló con la Virgen, su estimado tío Juan Bernardino también tuvo una visión de la Madre de Cristo.

La Señora le manifestó su deseo de que se le edificase un templo en el lugar en que la había visto su sobrino y que a su imagen se le llamase la siempre Virgen Santa María de Guadalupe.

Imagen de la siempre Virgen Santa María de Gudalupe Y Juan Bernardino quedó instantáneamente curado de su grave enfermedad.

Juan Diego cumplió la orden de la Virgen con diligencia y llegó al palacio episcopal donde, tras larga espera, logró ver al Obispo.

Al abrir su tilma, las rosas cayeron al suelo y todos quedaron maravillados al ver en ella la imagen de la que se llamaría Virgen Santa María de Guadalupe.

El Obispo mandó que la imagen fuera colocada en su capilla.

Mientras se construía el templo en el Tepeyac, la imagen se trasladó de la capilla episcopal a la Iglesia Mayor, donde todos podrían admirarla con devoción y hacer oración ante ella.

La ciudad entera se conmovió ante esta manifestación divina, porque ninguna persona de esta tierra pintó la querida y venerada imagen de Santa María de Guadalupe.

Al ver esta imagen, millones de indios la supieron interpretar, se convirtieron y pidieron el bautismo, cesando la adoración y los sacrificios a los ídolos y abrazando para siempre la fe cristiana.

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Posiblemente, las notas musicales expresadas por las flores y estrellas del manto y túnica de la Virgen en la imagen, hayan sido las que Juan Diego escuchó como el precioso canto celestial aquel 9 de diciembre de 1531, según el relato original del hecho guadalupano, el Nican Mopohua.

ORACIÓN

"Acuérdate,
¡oh piadosísima, Virgen María!,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que
han acudido a tu protección,
implorando tu auxilio
haya sido abandonado de Ti.

Animado con esta confianza,
a Ti también yo acudo,
y me atrevo a implorarte
a pesar del peso de mis pecados.

¡Oh Madre del Verbo!,
no desatiendas mis súplicas,
antes bien acógelas benignamente.

Amén"

 
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