Jesucristo Sacramentado

Virgen Santa Maria de Guadalupe

¡Adorado sea el Santísimo Sacramento!    ¡Ave María Purísima!

Adoración Nocturna Mexicana

Parroquia Santa Isabel de Hungría

Hermosillo, Sonora, México, viernes 19 de diciembre de 2014
 
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Contemplemos la Pasión

Meditación y Reflexiones Cristianas: Contemplemos la PasiónLa liturgia de estos días nos ha acercado al misterio fundamental de nuestra fe: la Resurrección del Señor. Pero no podremos participar de Su Resurrección si no nos unimos a su Pasión y Muerte. Por eso, durante estos días, acompañemos a Jesús, con nuestra oración, en su vía dolorosa y en su muerte en la Cruz.

No olvidemos que nosotros fuimos protagonistas de aquellos horrores, porque Jesús cargó con nuestros pecados (1 Pedro 2, 24), con cada uno de ellos. Fuimos rescatados de las manos del demonio y de la muerte a gran precio (1 Corintios 6, 20), el de la Sangre de Cristo.

Santo Tomás de Aquino decía: “La Pasión de Cristo basta para servir de guía y modelo a toda nuestra vida”. Al preguntarle a San Buenaventura de donde sacaba tan buena doctrina para sus obras, le contestó presentándole un Crucifijo, ennegrecido por los muchos besos que le había dado: “Este es el libro que me dicta todo lo que escribo; lo poco que sé aquí lo he aprendido”.

Nos hace mucho bien contemplar la Pasión de Cristo: en nuestra oración personal, al leer los Santos Evangelios, en los misterios dolorosos del Santo Rosario, en el Vía Crucis... En ocasiones nos imaginamos a nosotros mismos presentes entre los espectadores que fueron testigos en esos momentos.

También podemos intentar con la ayuda de la gracia, contemplar la Pasión como la vivió el mismo Cristo. Parece imposible, y siempre será una visión muy empobrecida de la realidad, pero para nosotros puede llegar a ser una oración de extraordinaria riqueza.

Dice San León Magno que “el que quiera de verdad venerar la pasión del Señor debe contemplar de tal manera a Jesús crucificado con los ojos del alma, que reconozca su propia carne en la carne de Jesús” (Sermón 15 sobre la Pasión).

La meditación de la Pasión de Cristo nos consigue innumerables frutos. En primer lugar nos ayuda a tener una aversión grande a todo pecado, pues Él fue traspasado por nuestras iniquidades y molido por nuestros pecados (Isaías 53, 5).

Los padecimientos nos animan a huir de todo lo que pueda significar hacernos comodinos y perezosos; avivan nuestro amor y alejan la tibieza. Hacen nuestra alma mortificada, guardando mejor el buen uso de nuestros sentidos.

Y si el Señor permite el dolor siempre será para nuestra salvación y santificación –aunque no entendamos de inmediato cómo- y nos será de gran ayuda para el ánimo considerar amorosamente y con gratitud los dolores de Cristo en su Pasión.

Hagamos el propósito de estar más cerca de la Virgen estos días de la Pasión de su Hijo, y pidámosle que nos enseñe a contemplarle en esos momentos en los que tanto sufrió por nosotros.

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