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| ¡Adorado sea el Santísimo Sacramento! ¡Ave María Purísima! |
Adoración Nocturna Mexicana
Parroquia Santa Isabel de Hungría
Hermosillo, Sonora, México, viernes 25 de julio de 2008
Jesús es traicionado
Levantaos, vamos -dice Jesús a los que le acompañan en el Huerto de Getsemaní- ya llega el que me va a entregar. Todavía estaba hablando, cuando llegó Judas, uno de los doce, acompañado de un gran gentío con espadas y palos (Mateo 26, 46-47): se consuma la traición.
Judas fue elegido y llamado para ser Apóstol por el mismo Señor, experimentó la predilección de Jesús, y llegó a ser uno de los Doce más íntimos. También fue enviado a predicar, y vería el fruto copioso de su apostolado; quizá hizo milagros como los demás. ¿Qué ha pasado en su alma para que ahora traicione al Señor?
El resquebrajamiento de su fe y de su vocación, debió producirse poco a poco. Permitió que su amor al Señor se fuera enfriando y sólo quedó un mero seguimiento externo. El acto que ahora se consuma ha sido precedido de infidelidades y faltas de lealtad cada vez mayores.
Por contraste, la perseverancia es la fidelidad diaria en lo pequeño. Perseverar en la propia vocación es responder a las sucesivas llamadas que el Señor hace a lo largo de una vida, aunque no falten obstáculos y dificultades y a veces errores aislados, cobardías y derrotas.
La traición se consuma en el cristiano por el pecado mortal. Todo pecado, incluso el venial, está relacionado íntima y misteriosamente con la Pasión del Señor. Por muy grandes que puedan ser nuestros pecados, Jesús nos espera siempre para perdonarnos en la Confesión, y cuenta con nuestra flaqueza, los defectos y las equivocaciones.
Debemos recordar que Dios no pide tanto el éxito, como la humildad de recomenzar sin dejarse llevar por el desaliento y el pesimismo, poniendo en práctica la virtud teologal de la esperanza. Judas rechazó la mano que le tendió el Señor, y su vida, si Jesús, quedó rota y sin sentido.
Jesús se quedó solo. Los discípulos han ido desapareciendo poco a poco. Pedro le seguía de lejos (Lucas 22, 54). Y de lejos, como comprendería pronto Pedro después de su negación, no se puede seguir a Jesús. O se sigue al Señor de cerca o se le acaba negando.
Hoy nosotros le aseguramos a Jesús que queremos seguirle de cerca, y nunca dejarlo solo. Le pedimos a la Virgen que nos dé las fuerzas necesarias para permanecer junto al Señor en los momentos difíciles, con afanes de desagravio y de corredención.
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