Jesucristo Sacramentado

Virgen Santa Maria de Guadalupe

¡Adorado sea el Santísimo Sacramento!    ¡Ave María Purísima!

Adoración Nocturna Mexicana

Parroquia Santa Isabel de Hungría

Hermosillo, Sonora, México, jueves 24 de julio de 2014
 
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La Oración de Petición

Meditación y Reflexiones Cristianas: La Oración de PeticiónPedir y dar; eso es la mayor parte de nuestra vida y de nuestro ser. Al pedir nos reconocemos necesitados. Al dar podemos ser conscientes de la riqueza sin término que Dios ha puesto en nuestro corazón.

Lo mismo nos ocurre con Dios. Gran parte de nuestras relaciones con Él están definidas por la petición; el resto, por el agradecimiento.

Pedir nos hace humildes. Además, damos a nuestro Dios la oportunidad de mostrarse como Padre. No hemos de pedir con egoísmo, ni llenos de soberbia, ni con avaricia, ni por envidia.

Debemos examinar, en la Presencia de Dios, los verdaderos motivos de nuestra petición. Le preguntaremos a Él en la intimidad de nuestra alma si eso que hemos solicitado nos ayudará a amarle más y a cumplir mejor su Voluntad.

La primera condición de toda petición eficaz es conformar primero nuestra voluntad con la Voluntad de Dios, y así habremos dado un paso muy importante en la virtud de la humildad, así como en la fe.

Jesús nos oye siempre: también cuando parece que calla. Quizá es entonces cuando más atentamente nos escucha; quiere que le pidamos confiadamente, sin desánimo, con fe.

Pero no basta pedir; hay que hacerlo con perseverancia, sin cansarnos, para que la constancia alcance lo que no pueden nuestros méritos.

Dios ha previsto todas las gracias y ayudas que necesitamos, pero también ha previsto nuestra oración. “Pedid y se os dará... llamad y se os abrirá” (Mateo 7, 7).

Meditación y Reflexiones Cristianas: La Oración de PeticiónY recordamos ahora nuestras muchas necesidades personales, y las de aquellas personas que viven cerca de nosotros, y lejos, y los difuntos... El Señor nunca nos abandona: aunque a veces parezca que sí, recordemos que a menudo “las apariencias engañan”.

Si alguna vez no se nos concedió algo que pedimos confiadamente, es que no nos convenía: ¡Él sí que sabe lo que nos conviene! Esa oración que hicimos con tanta insistencia habrá sido eficaz para otros bienes, o para otra ocasión más necesaria.

Dios es Amor, Sabiduría, Poder... y es nuestro Padre. El quiere lo mejor para nuestro bien eterno:

“Salud, riquezas, hermosura, honores, poder, todo nos lo dará, si nos conviene para salvarnos... enfermedad, pobreza, oprobio, abyección, esclavitud, todo esto nos traerá, si nos conviene para santificarnos...” (Ritual de la ANM, página 348). A veces los dones de Dios nos parecen incomprensibles, pero siempre son para nuestro bien.

Para que nuestra petición sea atendida con más prontitud, podemos solicitar las oraciones de otras personas cercanas a Dios, porque “la oración ferviente del justo tiene mucho poder” (Santiago 5, 16). Así que también pidamos a nuestro Ángel Custodio que interceda por nosotros.

Y, especialmente, siempre tenemos un camino seguro para que nuestras peticiones lleguen con prontitud ante la presencia de Dios: Santa María, Madre de Dios y Madre Nuestra. A Ella acudimos ahora y siempre.

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