Jesucristo Sacramentado

Virgen Santa Maria de Guadalupe

¡Adorado sea el Santísimo Sacramento!    ¡Ave María Purísima!

Adoración Nocturna Mexicana

Parroquia Santa Isabel de Hungría

Hermosillo, Sonora, México, viernes 31 de octubre de 2014
 
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La sepultura del Sagrado Cuerpo

Meditación y Reflexiones Cristianas: La sepultura del Sagrado CuerpoDespués de tres horas de agonía Jesús ha muerto. El cielo se oscureció, pues era el Hijo de Dios quien moría. El velo del templo se rasgó de arriba abajo, significando que con la muerte de Cristo había caducado el culto de la Antigua Alianza (Hebreos 9, 1-14); ahora, el culto agradable a Dios se tributa a través de la Humanidad de Cristo, que es Sacerdote y Víctima.

Uno de los soldados le abrió el costado con la lanza, y al instante brotó sangre y agua (Juan 19, 33). San Agustín y la tradición cristiana ven brotar los sacramentos y la misma Iglesia del costado abierto de Jesús (San Agustín, Comentario al Evangelio de San Juan). Esta herida que traspasa el corazón es de superabundancia de amor que se añade a las otras, y María, que sufre intensamente, comprende ahora plenamente las palabras de Simeón: “una espada traspasará tu alma”.

Bajaron a Cristo de la Cruz con profundo cariño y lo depositaron en brazos de su Madre. Miremos a Jesús como le miraría la Virgen Santísima, y digámosle: ¡Oh buen Jesús!, Óyeme. Dentro de tus llagas escóndeme. No permitas que me aparte de Ti (Misal Romano, Acción de gracias de la Misa)

Excepto Juan, todos los discípulos han huido. José de Arimatea se presenta ante Pilato para hacerse cargo del Cuerpo de Jesús: ¡Qué valiente reclamo! Luego aparece Nicodemo, el mismo que había reconocido a Jesús como enviado de Dios (Juan 3, 1-2). Ahora viene trayendo una mezcla de mirra y áloe, como de cien libras (Juan 19, 39). ¡Cómo agradecería la Virgen la ayuda de estos dos hombres: su generosidad, su valentía, su piedad!

El pequeño grupo junto a la Virgen y las mujeres que menciona el Evangelio, se hace cargo de dar sepultura al Cuerpo de Jesús: lo lavaron con extremada piedad, lo perfumaron, lo envolvieron en un lienzo nuevo que compró José (Marcos 15, 46), y lo depositaron en un sepulcro nuevo excavado en la roca propiedad del mismo José, y finalmente cubrieron su cabeza con un sudario (Juan 20, 5-6). ¡Qué ejemplo nos dan José de Arimatea y Nicodemo! ¡Cuando todo el mundo te abandone y desprecie, Señor, yo te seguiré sirviendo!

No sabemos dónde estaban los Apóstoles aquella tarde. Andarían perdidos, desorientados y confusos. Pero acuden a la Virgen. Ella protegió con su fe, su esperanza y su amor a esta naciente Iglesia, débil y asustada. Así nació la Iglesia: al abrigo de nuestra Madre.

Si alguna vez nos encontramos perdidos por haber abandonado el sacrificio y la Cruz como los Apóstoles, debemos acudir enseguida a esa luz continuamente encendida en nuestra vida que es la Virgen Santísima. Ella nos devolverá la esperanza. Junto a Ella nos disponemos a vivir la inmensa alegría de la Resurrección.

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