Jesucristo Sacramentado

Virgen Santa Maria de Guadalupe

¡Adorado sea el Santísimo Sacramento!    ¡Ave María Purísima!

Adoración Nocturna Mexicana

Parroquia Santa Isabel de Hungría

Hermosillo, Sonora, México, jueves 21 de agosto de 2014
 
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La Ascensión del Señor:
Suba también con Él nuestro corazón



Meditación y Reflexiones Cristianas: La Ascensión del Señor: suba también con Él nuestro corazónEn el día de la Ascensión, nuestro Señor Jesucristo ha subido al cielo... suba también con Él nuestro corazón.

Oigamos lo que nos dice el Apóstol: Si habéis sido resucitados con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios. Poned vuestro corazón en las cosas del cielo, no en las de la tierra. (Colosenses 3, 1-2)

Pues, del mismo modo que Él subió sin alejarse por ello de nosotros, así también nosotros estamos ya con Él allí, aunque todavía no se haya realizado en nuestro cuerpo lo que se nos promete.

Él ha sido elevado ya a lo más alto de los cielos; sin embargo, continúa sufriendo en la tierra a través de las fatigas que experimentan sus miembros.

Así lo atestiguó con aquella voz bajada del cielo: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (Hechos 9, 4). Y también: Tuve hambre y me disteis de comer. (Mateo 25, 35)

¿Por qué no trabajamos nosotros también aquí en la tierra, de manera que, por la fe, la esperanza y la caridad que nos unen a Él, descansemos ya con Él en los cielos?

Él está allí, pero continúa estando con nosotros; asimismo, nosotros, estando aquí, estamos también con Él. Él está con nosotros por su divinidad, por su poder, por su amor; nosotros, aunque no podemos realizar esto como Él por la divinidad, lo podemos sin embargo por el amor hacia Él.

Él, cuando bajó a nosotros, no dejó el cielo; tampoco nos ha dejado a nosotros al volver al cielo. Él mismo asegura que no dejó el cielo mientras estaba con nosotros, pues afirma:

Nadie ha subido al cielo sino Aquél que ha bajado del cielo, el Hijo del hombre (Juan 3, 13), que está en el cielo.

Esto lo dice en razón de la unidad que existe entre Él, nuestra cabeza, y nosotros, su cuerpo. Y nadie, excepto Él, podría decirlo, ya que nosotros estamos identificados con Él, en virtud de que Él, por nuestra causa, se hizo Hijo del hombre, y nosotros, por Él, hemos sido hechos hijos de Dios.

En este sentido dice el Apóstol: Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo (1 Corintios 12, 12). No dice: "Así es Cristo", sino: "Así es también Cristo".

Por tanto, Cristo es un solo cuerpo formado por muchos miembros. Bajó, pues, del cielo, por su misericordia, pero ya no subió Él solo, puesto que nosotros subimos también en Él por la gracia.

Así, pues, Cristo descendió Él solo, pero ya no ascendió Él solo; no es que queramos confundir la divinidad de la cabeza con la del cuerpo, pero sí afirmamos que la unidad de todo el cuerpo pide que éste no sea separado de su cabeza.


(Sermón de San Agustín, Obispo, "Sobre la Ascensión del Señor")

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